Y jamás aprendimos nada

Años 90. Noche, exterior. Una persona camina por el centro de Madrid, por uno de esos barrios… No sé, llamémoslo ‘Malañasa’. Apreta su bolso o su maletín, esa zona es “peligrosa”, la devastación de la heroína cubre sus calles y hay los suficientes pobres diablos desesperados por una dosis más, dispuestos a todos. O más bien inconscientes a nada de lo que hacen. Y muchas veces, directamente y físicamente inconscientes en cualquier portal.

Años 2000. Noche, exterior. Malasaña se ha convertido en un parque temático de alternativos, gracias a la herencia que les quedó de ‘La Movida Madrileña’; esa que vendieron como un movimiento que nunca fue. Nunca fue popular, nunca fue de barrio bajo, de hecho, lo siento, nunca fue para nosotros más allá de unos cuantos niños pijos que podían ocupar su tiempo en ser creativos, porque no tenían que preocuparse ni lo más mínimo en cubrir sus necesidades más básicas (y no tan básicas). Ahora el barrio es más popular, ya hay alternativos que pueden ir al Diplodocus, a pesar de tener que estar el lunes bien temprano cual currito o cual estudiante esforzado que busca algo mejor que los trabajos de mil horas y mal pagados de sus padres. Ese “estudia hijo/a, para que puedas vivir mejor que yo”.

Años 2010. Día. Noche. A cualquier hora. Exterior. Ya por fin el temido barrio es lo más de lo más en cultura, moda alternativa, ocio cool, restauración sorprendente. Los artistas, creativos, emprendedores magnéticos, los coachs, los gurús… Ya todos tienen su sede en Malasaña. Cada vez es más complicado vivir por allí, bueno, ya lo era desde la década anterior, no olvidaré a la compañera de clase que pagaba 480 euros por una habitación en la que apenas entraba una cama de 80, un armario tamaño escobero y un escritorio tamaño mesilla; en un piso compartido con otros 5 en un piso relativamente cerca del metro de Tribunal. Para esta década, el zulo de Alba ya andará por los 600 euros.

Años 2020. Cualquier momento. Exterior. Los indies, los artistas, los alternativos han sido expulsados a gentrificar Lavapiés (otro de esos barrios de los de agarrarse el bolso las señoras bien). Ahora Malasaña es solo para extranjeros con pasta, turistas y especuladores. El zulito de Alba andará por los 1100 euros (el otro día vi a uno de esos aguerridos «emprendedores inmobiliarios», vamos, niños de papá a los que les compran pisos para explotar, hablando de sus 20 pisos a 1100 euros cada habitación). No es más que un parque temático para turistas, ya no es un barrio, ya no es un lugar donde vivir. Ya no tiene verdadera vida. Han desaparecido las tiendas de costura, las de ropa de segunda mano, hasta los estudios de los tatuadores. Solo franquicias de comida, tiendas de souvenirs y cualquier cosa que puedan necesitar los turistas en su estancia. 

Los portales ya no solo tienen telefonillos, tienen una avalancha de candados llenas de llaves de pisos turísticos ilegales. Sí, ilegales. En 2025 se contabilizaron más 15.200 pisos ilegales en Madrid.

Ahora somos extraños en nuestras ciudades atestadas de turistas. Ahora resulta que es por mí por lo que se aferran al bolso.